viernes, 13 de abril de 2012

Capitulo 2. A donde nos llevarán?


Con el cuerpo ya de fiesta nos levantamos, ¿dónde nos llevarán?, le pregunté a Lydia. Logroño queda cerca pero…. Zaragoza también, Alfon conoce Soria… esto es un suplicio. Cada comentario que alguien hacía lo analizaba palabra por palabra intentando descubrir algún mensaje oculto pero nada, nadie suelta prenda, lo tienen viene estudiado.

Una vez desayunado metemos las maletas en los coches y partimos, hacia donde, ni idea. Otra vez nos separan para que no hablemos entre nosotros y que casualidad, nunca nos acercamos a menos de 5 metros del coche de Aritz y Ana.

 Cogemos una “carretera” o más bien le llamo camino dirección Tudela,  bien bien, nos acercamos a la autopista, solo hay 3 direcciones  Logroño, Zaragoza y Soria.

Circulando por las inmediaciones de Tudela, llegamos a LA ROTONDA, y comienzo a decirle a Alfon (iba con él en el coche) si es para Logroño es la segunda y si es para Zaragoza es de frente, de repente y después de dar 2 vueltas a la rotonda se mete dirección Tudela, yo no me lo creo, en la siguiente rotonda nos damos la vuelta con lo cual llegamos al punto fatídico, dando vueltas y vueltas de repente da un volantazo brusco y zas “LOGROÑO”. Otro enigma menos aunque nos queda Soria en el candelero.

Unos kilómetros más tarde otro enigma, Arantxa, la prima de Lydia puede estar en Tarazona, ayer sus padres fueron a visitar a los padres de Lydia, y es muy sospechoso, y a la vez si cogemos dirección Tarazona nos vamos a Soria. Miro incrédulo el cartel y luego miro a Alfon, pero sin parecer desesperado, pasa de largo y se confirma que la prima de Lydia no viene, o si?.

Continuando con el viaje con buena música y con unas ganas de fiesta tremendas, vemos como es la España a través de la carretera, muchos clubs (burdeles los llaman en mi tierra) y pabellones derruidos, de repente veo un cartel de Logroño y otra vez empieza el cuento de estos días, miradas y cualquier gesto son fruto de observación. No sé cómo irá Lydia en el otro coche pero yo voy nervioso.

Nos metemos hacia Logroño, uffff….respiro y Alfon suelta una carcajada. Entonces es Logroño le comento, pero él sigue sin decir nada, comenzamos el que yo creo que es el deporte nacional de Logroño (ROTONDING), no se la dé rotondas que hemos dado en esta ciudad, siguiendo con el viaje le pregunto a Alfon para saber si pica: ¿Sabes dónde vamos?, y me contesta que no, pero que c_jones, y entonces ¿dónde vamos?.

Seguimos circulando y Aritz toma la cabeza, mierda semáforo en rojo, Antxón y Aritz nos dejan,  el semáforo se pone en verde y salimos a la caza pero con cuidado porque hay muchos radares en Logroño, seguimos hacia adelante y nos cruzamos con los otros 2 coches, y le comento al piloto si esto va a ser como el ratón y el gato. Y entonces comienza otro momentazo del finde. Nos paramos en frente de la estación de tren, a mi no me cuadra nada,  abro la ventanilla y Aritz me comenta que vaya cogiendo la maleta que me voy de viaje, doy por hecho que si nadie saca la maleta yo no salgo ni del coche. Pasados unos momentos saco el comentario de la despedida en el tren, que sería un puntazo etc etc… pero no me cuadra porque no aparcan los coches, están sobre línea amarilla, entonces veo que Aritz y Ana se piran a la estación, y pienso “la mama necesita ir al baño”. Pero de repente veo que Lydia sale disparada hacia la entrada y veo otra encerrona más, Arantxa acaba de llegar a Logroño, a Lydia le hacía mucha ilusión y se quedo muy cabizbaja cuando le dijo que no podía venir, pero era otra estratagema mas, estaba aquí.

Ya estamos el equipo al completo. Ahora sí que sí.



De vuelta al coche, nos vamos al hotel verdad?, como vamos ciegos no tenemos ni idea de nada. Nos detenemos…y Ana nos confirma que va a ser nuestra base, aparcamos en las inmediaciones y nos vamos a comer.

Momento de relax, nos vamos todos a comer a la famosa calle Laurel y nos comemos unos pintxos que a esas horas más que comer devoramos, cae un leve sirimiri, pero no muy molesto. Es muy curioso como lo tienen montado, cada bar tiene su pintxo estrella y así se aseguran la ruta del viajero. Entramos a uno vacio ya que somos un rebaño de personas y entonces bam, entran otro grupo pero más numeroso, toda la comodidad del bar se acaba, ahora estamos como sardinas en lata. Gema nos guía al siguiente, nos comenta que conoce la calle, nos lleva al típico donde es famoso el champi, pero curiosamente nos vamos al de enfrente donde tienen, braguitas, tanguitas y wonder bra.

De vuelta al hotel conocemos la ruta de vuelta de la madrugada del sábado. Es fácil y borracho se hará más corta, lo único que me preocupa es el frio. Cuando llegamos sorpresa, nos confirman que tenemos un par de horas para descansar, porque tenemos la 1ª actividad, que será? Ni idea (creo que me repito demasiado).

El cielo amenaza lluvia y nos metemos en los coches, ruteamos un ratillo y nos desviamos por un camino, veo una señal de un lago con una ruta y pienso: tenemos segway (el sueño que siempre ha querido Aritz), pero no, una señal de caballos a la entrada de una finca me dice lo que vamos a hacer.

Que guay, montar  a caballo, una cosa que quería hacer hace muuuuucho tiempo, quería sentir lo que me transmitía un animal.

Toca montarse, para liberar tensión juego con el perro a tirarle el palito, nos van llamando de uno en uno, la primera Arantxa, luego Silvia… y así todos, menos la pobre Anita, que por recomendación no debe. Menudo espectáculo, todo el mundo más tenso que un palo. Y de mientras el caballo de Silvia metiendo bocados y un perro ladrando.

Nos vamos,yyiiijjaaaa,   Pinto “mi caballo” coge la delantera a Domino, me mete un susto porque la reacción es fuerte (nunca he montado a caballo), digamos que es como meter cadera hacia adelante y atrás todo el rato. Voy charlando con el hombre “no sé cómo se llama”, todo el rato me va indicando donde hay conejos pero yo voy concentrado en Pinto. Llega la hora de trotar y …desmadre… me voy al suelo pienso… al ralentizar la carrera le pregunto cómo debo adaptarme a Pinto para no ir al suelo, se ríe y seguimos.

Que experiencia tan bonita, tengo que repetirla algún día, miro a Lydia y veo que ha disfrutado como todo el mundo, los animales nunca defraudan.

Nos bajamos y comentamos la experiencia, nos ha enriquecido y nos quedamos jugando y acariciando los demás animales que no eran pocos.

Nos vamos al hotel y hoy tranquilitos que mañana habrá jaleo, buscamos sitio para cenar y nos metemos unas tortillas entre pecho y espalda. Y así acaba el segundo día de la despedida, mañana no madrugamos tenemos hasta las 10 para dormir.

                Continuara….

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